Semanas atrás, vi la película "The notebook", más conocida en el mundo hispano como "Diario de una pasión", luego de haber transcurrido bastante tiempo desde que tenía en mente verla. Linda, interesante, emocionante, romántica. Pero, luego de un profundo análisis que en base a ella hice, llegué a la conclusión de que no me gustó.
La película narra una historia donde la fuerza del amor triunfa más allá de los obstáculos, el tiempo y la distancia, manifestándose de una manera intensa y apasionada. Pero en el contenido del sándwich, introduce lo que el mundo trata de transmitir siempre: un sistema de valores (o antivalores), un código de conducta, una perspectiva de la vida. En este caso, la fornicación, pues como parte del amor, la pareja de la película tiene relaciones sexuales, sin que se consume esto bajo ningún concepto matrimonial ni que se haga énfasis en esto, como la Biblia enseña.
Es sabido que la sociedad contemporánea no sólo tolera, sino acepta como el estilo de vida más regular el tener relaciones sexuales prematrimoniales. Ni siquiera es cuestionado, como lo era hace relativamente pocas décadas atrás. Es normal para el mundo, podríamos decir que es elemento esencial del "amor" (entre comillas) y de toda "relación de pareja".
Y el modo a través del cual este paradigma se introduce y se consolida en las mentes de las personas, principalmente de los jóvenes y adolescentes que van descubriendo y construyendo su identidad, es a través de los medios de comunicación.
No soy un experto en sociología ni psicología, así que no soy apto para brindar datos estadísticos; sin embargo, sí puedo decir que un joven y adolescente contemporáneo constantemente ve constantemente películas, de forma muy regular. Es parte de la cultura cybernética y de los medios. Tal vez, además vea programas de televisión o series, en la mayoría de los casos, productos multimedia importados de "países de primer mundo" y también locales.
A través de todas estas vías, va siendo expuesto al contenido, muchas veces (la mayoría) interesante y entretenido, que los medios muestran, mas recibiendo de por medio el mensaje moral que ellos transmiten. En consecuencia, si su "sistema de valores y principios" no se refuerza con la misma o mayor intensidad, lentamente éste último se va debilitando ante la presión más persistente de aquel. Esto, como que dos y dos son cuatro.
Esta es la manera a través de la cual el mundo transmite su sistema de valores, su código de conducta. A través de la exposición constante de estilos de vida contrarios a la Palabra de Dios, a través de medios que aparentan inocentes y socialmente aceptados, tales como una romántica película como la mencionada. Nuestra mente así, resulta, bombardeada de información errada, si es que no tenemos el escudo de la fe para defendernos.
Al respecto, asocié esta reflexión con una reunión que tuve, meses atrás, acerca de un asunto jurídico académico, donde mencionaban que en el caso en estudio, la regla no se aprendía leyendo el artículo de una ley que lo dijera, sino sentencias donde se resolvían casos análogos, pues de tanto familiarizarse con la materia, implícitamente uno iba aprehendiendo la regla. Lo mismo - pienso - ocurre con lo que atañe a los principios y valores.
La Biblia es clara al respecto, cuando en Santiago 4:4 dice que la amistad con el mundo constituye enemistad con Dios. Mientras digo esto, no hablo de fomentar el aislamiento o la "monasterización" del cristianismo, sino de fortalecernos en el Señor y en su fuerza.
Cuando Jesús oró por sus discípulos (Juan 17), no pidió al Padre que los sacara del mundo, sino que los guardara del mal. Esto es clave. Necesitamos desarrollar raíces profundas en la Palabra de Dios, de manera a que nosotros y la generación que nos sigue tenga la suficiente madurez para adoptar una aptitud crítica ante el mundo que le rodea y los eventos que se suscitan. Es preciso que sepamos implementar un "filtro" moral para discernir lo que es bueno y lo que es malo, frente a toda información que recibamos. Esa es una característica de los hijos de Dios, los guiados por el Espíritu (1 Corintios 2:15), de manera a que seamos luz en las tinieblas, y la luz que hay en nosotros no sea también tinieblas (Lucas 11:35).
domingo, 7 de febrero de 2010
AMOR vs. LEY
¿Dónde encuentra el pecado su fuerza? La mayoría diríamos, de entrada, que en la naturaleza caída que heredamos de Adán. O tal vez, en el mundo, o en Satanás. Esto no es lo que la Biblia enseña.
En 1 Corintios 15:56, se nos dice: "Ya que el aguijón de la muerte es el pecado y el poder del pecado, la ley".
¿En la ley se encuentra el poder del pecado? Sí, eso es lo que la Biblia enseña y lo cual estuve meditando a partir de la lectura de un libro de John Bevere, el cual recomiendo: "Prohibido el paso al enemigo".
Como creyentes, muchas veces transformamos el cristianismo en un estilo de vida de reglas y prohibiciones. Es decir, un código de conducta, una ley a la cual nos sometemos o, al menos, deberíamos someternos.
A través de una reflexión post libro, y pidiendo la guía del Señor, llegué a la conclusión de que en numerosas ocasiones, la causa de la rebeldía a Dios se fundamenta en un paradigma de LEY con respecto a la obediencia de su Palabra. La concepción de norma, de ley, por lo general, inspira el deseo de transgresión. Esto lo avala la misma Biblia.
El apóstol Pablo, en Gálatas 5:18 dice: "Mas si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley". Esto es claro. NO nos damos cuenta que si somos hijos de Dios, nuestro punto de partida para la vida en Cristo no puede ser el sometimiento a una ley. Al decir esto, no me refiero a ignorar la Palabra del Señor y vivir libertinamente, sino a que nuestro enfoque debe ser otro.
Nuestra consagración y nuestra santidad deben ser consecuencia de nuestro profundo amor al Señor y a Su Palabra, lo cual siempre solo puede ser fruto de una relación cercana y personal con El. Jesús dijo: "Si me amaís, guardad mis mandamientos" (Juan 14:15).
Aquí hay una correlación directa entre amor y obediencia. La obediencia es fruto del amor. No de la ley. Al menos, con Jesús no puede ser así.
Mientras enfoquemos nuestro caminar de fe en el sometimiento a normas, basados en un paradigma de ley, solo sentiremos condenación, fracaso, y finalmente, la rebeldía brotará.
Pero si cultivamos y profundizamos una intimidad cercana con nuestro Dios, la obediencia florecerá en nuestras vidas a causa del amor que ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado (Romanos 5:5).
Si el poder del pecado está en la ley, la fuerza de la obediencia está en el amor.
Cambiemos de perspectiva.
En 1 Corintios 15:56, se nos dice: "Ya que el aguijón de la muerte es el pecado y el poder del pecado, la ley".
¿En la ley se encuentra el poder del pecado? Sí, eso es lo que la Biblia enseña y lo cual estuve meditando a partir de la lectura de un libro de John Bevere, el cual recomiendo: "Prohibido el paso al enemigo".
Como creyentes, muchas veces transformamos el cristianismo en un estilo de vida de reglas y prohibiciones. Es decir, un código de conducta, una ley a la cual nos sometemos o, al menos, deberíamos someternos.
A través de una reflexión post libro, y pidiendo la guía del Señor, llegué a la conclusión de que en numerosas ocasiones, la causa de la rebeldía a Dios se fundamenta en un paradigma de LEY con respecto a la obediencia de su Palabra. La concepción de norma, de ley, por lo general, inspira el deseo de transgresión. Esto lo avala la misma Biblia.
El apóstol Pablo, en Gálatas 5:18 dice: "Mas si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley". Esto es claro. NO nos damos cuenta que si somos hijos de Dios, nuestro punto de partida para la vida en Cristo no puede ser el sometimiento a una ley. Al decir esto, no me refiero a ignorar la Palabra del Señor y vivir libertinamente, sino a que nuestro enfoque debe ser otro.
Nuestra consagración y nuestra santidad deben ser consecuencia de nuestro profundo amor al Señor y a Su Palabra, lo cual siempre solo puede ser fruto de una relación cercana y personal con El. Jesús dijo: "Si me amaís, guardad mis mandamientos" (Juan 14:15).
Aquí hay una correlación directa entre amor y obediencia. La obediencia es fruto del amor. No de la ley. Al menos, con Jesús no puede ser así.
Mientras enfoquemos nuestro caminar de fe en el sometimiento a normas, basados en un paradigma de ley, solo sentiremos condenación, fracaso, y finalmente, la rebeldía brotará.
Pero si cultivamos y profundizamos una intimidad cercana con nuestro Dios, la obediencia florecerá en nuestras vidas a causa del amor que ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado (Romanos 5:5).
Si el poder del pecado está en la ley, la fuerza de la obediencia está en el amor.
Cambiemos de perspectiva.
sábado, 9 de enero de 2010
En directo desde lo alto de las montañas
De repente pienso que es un sueño, pero ya hace 3 semanas desde que estoy en Estados Unidos. A veces, parece como que ya hiciera mucho más tiempo el que haya trascurrido por lo que adaptado que estoy, aunque a veces al despertarme siento que me voy a encontrar con mi pieza y mi vida de Paraguay.
Pero acá estoy, a más de 7000 pies de altura, en las hermosas Montañas rocosas de Colorado (Rocky Mountains), trabajando en Estes Park Center, de la YMCA of the Rockies. Y voy a estar acá mismo por varios meses.
Fue el cumplimiento de un ideal, como me dijera una persona a la que quiero mucho en la dedicatoria de un libro que me regaló antes de partir. Sí, fue eso y mucho más. Fue la apertura a una nueva experiencia, a una nueva prueba, a una nueva bendición, a un nuevo desafío.
Es importante aclarar que muchas cosas todavía no entiendo. Divagues existencialistas, momentos de reflexión, pequeños espacios donde aprovecho para encontrarme conmigo mismo y buscar a Dios.
Sé que todo lo que Dios hace es perfecto a su tiempo, y que todo tiene su momento. NO alcanzo a comprender todo lo que implica esta experiencia aún, pero sé que es demasiado temprano para hacerlo y que las experiencias que se vayan dando se irán encargando de demostrármelo.
Mi trabajo es, de repente, un poco monótono, pero la calidad de personas que me rodean hace que se pueda obviar lo primero para disfrutar lo segundo.
Extraño mucho a mis amigos y a las personas que me rodeaban en Paraguay. No puedo negar que me siento, de repente, un poco y bastante solo. No es lo mismo iniciar nuevas relaciones en estas semanas que llevo acá y ya tener la misma confianza que no creo tampoco que llegue a tener aquí. Me dan muchas veces ganas de gastarme todo el saldo que tengo de la tarjeta telefónica llamando a Paraguay, pero no me da el tiempo, la tacañería me gana y además, sé que estoy acá y tengo que disfrutar. No puedo tener el corazón todo el tiempo en Paraguay.
En cuanto a mi vida espiritual, estar acá también implica toda una prueba y desafío. No puedo asistir (al menos hasta ahora) a una iglesia como a la que yo estoy acostumbrado, no estoy rodeado de un ambiente que me impulse a edificiar y fortalecer mi fe y mi relación con Dios, aunque por sobre todo, sé que Dios mismo está conmigo.
Estar rodeado de un ambiente secular implica un prueba, por supuesto. Significa no dejarte influenciar, sino al contrario, influenciar en los demás, guardar el corazón, los pensamientos, entender que uno está en el mundo sin ser del mundo, que el llamado de santidad de Dios a mi vida sobrepasa cualquier prueba, tentación u oferta que el mundo pueda plantearme. Demanda ser LUZ en la oscuridad, resplandecer con el amor y la Palabra de Dios... y eso sí cuesta, porque tendemos por lo general (yo, al menos) a mantener mi devoción pero guardándomela para mí mismo, cuando que Dios nos llama a sembrar la semilla.
Ah, otra cosa. Quiero resaltar también asimismo pensamientos que estuvieron circulando en mi cabeza en estas semanas a raíz de situaciones que se fueron dando.
Estuve leyendo un libro de JOhn Bevere llamado "Prohibido el acceso al enemigo", que fue de mucha bendición y edificación a mi vida. En uno de sus capítulos, hablaba acerca del poder de la rebelión, refiriéndose a que "El poder del pecado es la ley", como dice la Biblia en 1 Corintios 15:56.
En base a este versículo, estuve meditando y llegué a hipótesis o conclusiones que me parecen bastante interesantes, Este versículo me llevó a considerar la vida de una persona a la que conocí aquí, que se educó en un colegio cristiano en Paraguay, pero sin pertenecer a mi iglesia, y la de otras personas que estudiaron en el mismo colegio, pero bajo la estructura religiosa de sus familias y la iglesia.
Esta primera lleva una vida bastante interesante, ejemplar y moral, sin que pueda observar en su vida esta semilla de la rebelión. Su vida, me animo a decir, habla mucno mejor que la de algunas personas que recibieron una educación cristiana más fuerte. Sin embargo, muchas personas educadas bajo la estricta fe cristiana, solo reciben imposiciones de cosas que deben hacer y que no deben hacer, porque estan bien o porque estan mal, sin que se deje espacio a su libertad para decidir o para reflexionar y obedecer por convicción. Esto genera rebeldía y no obediencia. Dios busca obediencia por amor, no robots.
¿Por qué? Porque enfocamos demasiadas veces la educación cristiana en reglas, leyes y canones a los cuales debemos adecuarnos y pretendemos imponérselos a las personas, cuando que fuera de nuestro ambiente, las cosas no son así.
La Biblia es clara cuando dice que el poder del pecado no es la carne, la naturaleza pecaminosa, sino la ley misma. Mientras sigamos enfatizando nuestra educación cristiana en LEYES, estaremos generando rebelión. Cuando impulsemos la obediencia por el amor, fruto del conocoimiento de Dios, lograremos los resultados de la santidad que Dios demanda de nosotros y de las generaciones que nos entrega.
También aprendí otra cosa en estos días jugando ajedrez. Juego demasiado a la defensiva. Y me di cuenta que esto no se limita al ajedrez, sino a la vida misma. Siempre trato de defender algo, defenderme de algo, esperar la reacción de la otra persona para protegerme... Eso me hace daño. Así como perdí tres partidos de ajedrez de seguido, por jugar con esa táctica, cuando que tuve claras oportunidades de ganar en un principio, en la vida personal (en las otras áreas, no - aclaro -), píerdo demasiadas oportunidades de ganar por jugar con miedo, por no avanzar, por buscar el statu-quo defensivo, antes que ir a la conquista y a la ofensiva. Le pido a Dios que me ayude a desarrollar esa área del carácter que me falta.
Parte de mi plan es buscar técnicas para jugar mejor ajedrez e ir desarrollando ese paradigma de pensamiento a partir de acitividades simples y ociosas como jugar ajedrez aquí, lo cual me entretiene mucho.
En fin, me explayé bastante pero creo que expresé todo lo que tenía en mente.
Tengo muchas expectativas de lo que mi amado Padre Celestial haya hacer conmigo aquí y de lo vaya a vivir, y por sobre todo, tengo la certeza en la confianza de que cumplirá su propósito en mí y no desamparará la obra de sus manos. Y su voluntad, como dice Romanos 12:2 es buena, agradable y perfecta.
Ayer comencé el viaje espiritual de 40 días con el libro de Rick Warren: "Una vida con propósito". De entrada, ya me impresionó bien y empezó a dar respuestas a muchas de las interrogantes que hace tiempo tenía en mente.
Seguiré escribiendo más (espero), desde aquí, en directo desde lo alto de las montañas: Estes Park, Colorado.
Pero acá estoy, a más de 7000 pies de altura, en las hermosas Montañas rocosas de Colorado (Rocky Mountains), trabajando en Estes Park Center, de la YMCA of the Rockies. Y voy a estar acá mismo por varios meses.
Fue el cumplimiento de un ideal, como me dijera una persona a la que quiero mucho en la dedicatoria de un libro que me regaló antes de partir. Sí, fue eso y mucho más. Fue la apertura a una nueva experiencia, a una nueva prueba, a una nueva bendición, a un nuevo desafío.
Es importante aclarar que muchas cosas todavía no entiendo. Divagues existencialistas, momentos de reflexión, pequeños espacios donde aprovecho para encontrarme conmigo mismo y buscar a Dios.
Sé que todo lo que Dios hace es perfecto a su tiempo, y que todo tiene su momento. NO alcanzo a comprender todo lo que implica esta experiencia aún, pero sé que es demasiado temprano para hacerlo y que las experiencias que se vayan dando se irán encargando de demostrármelo.
Mi trabajo es, de repente, un poco monótono, pero la calidad de personas que me rodean hace que se pueda obviar lo primero para disfrutar lo segundo.
Extraño mucho a mis amigos y a las personas que me rodeaban en Paraguay. No puedo negar que me siento, de repente, un poco y bastante solo. No es lo mismo iniciar nuevas relaciones en estas semanas que llevo acá y ya tener la misma confianza que no creo tampoco que llegue a tener aquí. Me dan muchas veces ganas de gastarme todo el saldo que tengo de la tarjeta telefónica llamando a Paraguay, pero no me da el tiempo, la tacañería me gana y además, sé que estoy acá y tengo que disfrutar. No puedo tener el corazón todo el tiempo en Paraguay.
En cuanto a mi vida espiritual, estar acá también implica toda una prueba y desafío. No puedo asistir (al menos hasta ahora) a una iglesia como a la que yo estoy acostumbrado, no estoy rodeado de un ambiente que me impulse a edificiar y fortalecer mi fe y mi relación con Dios, aunque por sobre todo, sé que Dios mismo está conmigo.
Estar rodeado de un ambiente secular implica un prueba, por supuesto. Significa no dejarte influenciar, sino al contrario, influenciar en los demás, guardar el corazón, los pensamientos, entender que uno está en el mundo sin ser del mundo, que el llamado de santidad de Dios a mi vida sobrepasa cualquier prueba, tentación u oferta que el mundo pueda plantearme. Demanda ser LUZ en la oscuridad, resplandecer con el amor y la Palabra de Dios... y eso sí cuesta, porque tendemos por lo general (yo, al menos) a mantener mi devoción pero guardándomela para mí mismo, cuando que Dios nos llama a sembrar la semilla.
Ah, otra cosa. Quiero resaltar también asimismo pensamientos que estuvieron circulando en mi cabeza en estas semanas a raíz de situaciones que se fueron dando.
Estuve leyendo un libro de JOhn Bevere llamado "Prohibido el acceso al enemigo", que fue de mucha bendición y edificación a mi vida. En uno de sus capítulos, hablaba acerca del poder de la rebelión, refiriéndose a que "El poder del pecado es la ley", como dice la Biblia en 1 Corintios 15:56.
En base a este versículo, estuve meditando y llegué a hipótesis o conclusiones que me parecen bastante interesantes, Este versículo me llevó a considerar la vida de una persona a la que conocí aquí, que se educó en un colegio cristiano en Paraguay, pero sin pertenecer a mi iglesia, y la de otras personas que estudiaron en el mismo colegio, pero bajo la estructura religiosa de sus familias y la iglesia.
Esta primera lleva una vida bastante interesante, ejemplar y moral, sin que pueda observar en su vida esta semilla de la rebelión. Su vida, me animo a decir, habla mucno mejor que la de algunas personas que recibieron una educación cristiana más fuerte. Sin embargo, muchas personas educadas bajo la estricta fe cristiana, solo reciben imposiciones de cosas que deben hacer y que no deben hacer, porque estan bien o porque estan mal, sin que se deje espacio a su libertad para decidir o para reflexionar y obedecer por convicción. Esto genera rebeldía y no obediencia. Dios busca obediencia por amor, no robots.
¿Por qué? Porque enfocamos demasiadas veces la educación cristiana en reglas, leyes y canones a los cuales debemos adecuarnos y pretendemos imponérselos a las personas, cuando que fuera de nuestro ambiente, las cosas no son así.
La Biblia es clara cuando dice que el poder del pecado no es la carne, la naturaleza pecaminosa, sino la ley misma. Mientras sigamos enfatizando nuestra educación cristiana en LEYES, estaremos generando rebelión. Cuando impulsemos la obediencia por el amor, fruto del conocoimiento de Dios, lograremos los resultados de la santidad que Dios demanda de nosotros y de las generaciones que nos entrega.
También aprendí otra cosa en estos días jugando ajedrez. Juego demasiado a la defensiva. Y me di cuenta que esto no se limita al ajedrez, sino a la vida misma. Siempre trato de defender algo, defenderme de algo, esperar la reacción de la otra persona para protegerme... Eso me hace daño. Así como perdí tres partidos de ajedrez de seguido, por jugar con esa táctica, cuando que tuve claras oportunidades de ganar en un principio, en la vida personal (en las otras áreas, no - aclaro -), píerdo demasiadas oportunidades de ganar por jugar con miedo, por no avanzar, por buscar el statu-quo defensivo, antes que ir a la conquista y a la ofensiva. Le pido a Dios que me ayude a desarrollar esa área del carácter que me falta.
Parte de mi plan es buscar técnicas para jugar mejor ajedrez e ir desarrollando ese paradigma de pensamiento a partir de acitividades simples y ociosas como jugar ajedrez aquí, lo cual me entretiene mucho.
En fin, me explayé bastante pero creo que expresé todo lo que tenía en mente.
Tengo muchas expectativas de lo que mi amado Padre Celestial haya hacer conmigo aquí y de lo vaya a vivir, y por sobre todo, tengo la certeza en la confianza de que cumplirá su propósito en mí y no desamparará la obra de sus manos. Y su voluntad, como dice Romanos 12:2 es buena, agradable y perfecta.
Ayer comencé el viaje espiritual de 40 días con el libro de Rick Warren: "Una vida con propósito". De entrada, ya me impresionó bien y empezó a dar respuestas a muchas de las interrogantes que hace tiempo tenía en mente.
Seguiré escribiendo más (espero), desde aquí, en directo desde lo alto de las montañas: Estes Park, Colorado.
lunes, 7 de diciembre de 2009
2 años después
Realmente me sorprendió la coincidencia - cuando me di cuenta - del hecho que vuelvo a hacer un viaje largo exactamente 2 años después de aquel 16 de diciembre de 2007 cuando tocó volver de La Plata para insertarme a mi vida paraguaya.
Esta vez las cosas son diferentes. Yo soy diferente. Los motivos son diferentes. Las expectativas son diferentes. Pero el hecho es el mismo. Viajo el 16 de diciembre a Estados Unidos para participar del programa Work and Travel y vuelvo en 4 meses, al igual que cuando me fui becado a La Plata.
Me entusiasma la idea de pisar por primera vez el suelo norteamericano, de estar en un estado tan bello como Colorado (a más del nombre), de trabajar allá, de escuchar todo el día inglés, de mejorar mi oído y mi manejo del idioma, de estar solo de vuelta y reforzar mi experiencia de vida independiente.
Le agradezco infinitamente a Dios por las oportunidades que fue abriendo y por el hecho de que en cada lugar de Estados Unidos donde voy a estar tengo gente conocida: Miami, Colorado (Boulder), Washington y New York. Esa es una gran bendición.
Falta 1 semana para el viaje y todavía no tengo casi nada listo; entiéndase: maletas, ropas para el frío de muchos grados bajo cero, cosas que voy a llevar, cosas que tengo que dejar ordenadas acá, etc.
Pero hacer este tipo de cosas a última hora es parte del show, parte de la emoción.
Me deja ansioso saber lo que Dios tiene para mí en esta experiencia, el resultado más allá de los planes que pueda tener para mi vida a través de este viaje.
Cuatro meses no es ni mucho ni poco. Es un tiempo prudencial. Pero es un tiempo. En cuatro meses, muchas cosas ocurren, muchas cosas pasan.
Es el tiempo suficiente, tal vez, como para desarraigarte de un lugar y arraigarte a otro. Es el tiempo suficiente como para aprender muchas cosas y venir cambiado.
Lo que le pido a Dios al respecto es que Él me guíe mis pasos en este viaje. Que Él se encargue de direccionarlo todo, de encarminarlo todo, de darme sabiduría, de ayudarme a conocer la gente correcta y los lugares correctos, que guarde mis pasos.
No me queda otra cosa más que descansar en Él, porque ya no hay marcha atrás.
El 16 me voy. Y está previsto que vuelva el 17 de abril.
Así que, sin temor y con mucha fe y optimismo, embarquemos en esta nueva aventura.
Esta vez las cosas son diferentes. Yo soy diferente. Los motivos son diferentes. Las expectativas son diferentes. Pero el hecho es el mismo. Viajo el 16 de diciembre a Estados Unidos para participar del programa Work and Travel y vuelvo en 4 meses, al igual que cuando me fui becado a La Plata.
Me entusiasma la idea de pisar por primera vez el suelo norteamericano, de estar en un estado tan bello como Colorado (a más del nombre), de trabajar allá, de escuchar todo el día inglés, de mejorar mi oído y mi manejo del idioma, de estar solo de vuelta y reforzar mi experiencia de vida independiente.
Le agradezco infinitamente a Dios por las oportunidades que fue abriendo y por el hecho de que en cada lugar de Estados Unidos donde voy a estar tengo gente conocida: Miami, Colorado (Boulder), Washington y New York. Esa es una gran bendición.
Falta 1 semana para el viaje y todavía no tengo casi nada listo; entiéndase: maletas, ropas para el frío de muchos grados bajo cero, cosas que voy a llevar, cosas que tengo que dejar ordenadas acá, etc.
Pero hacer este tipo de cosas a última hora es parte del show, parte de la emoción.
Me deja ansioso saber lo que Dios tiene para mí en esta experiencia, el resultado más allá de los planes que pueda tener para mi vida a través de este viaje.
Cuatro meses no es ni mucho ni poco. Es un tiempo prudencial. Pero es un tiempo. En cuatro meses, muchas cosas ocurren, muchas cosas pasan.
Es el tiempo suficiente, tal vez, como para desarraigarte de un lugar y arraigarte a otro. Es el tiempo suficiente como para aprender muchas cosas y venir cambiado.
Lo que le pido a Dios al respecto es que Él me guíe mis pasos en este viaje. Que Él se encargue de direccionarlo todo, de encarminarlo todo, de darme sabiduría, de ayudarme a conocer la gente correcta y los lugares correctos, que guarde mis pasos.
No me queda otra cosa más que descansar en Él, porque ya no hay marcha atrás.
El 16 me voy. Y está previsto que vuelva el 17 de abril.
Así que, sin temor y con mucha fe y optimismo, embarquemos en esta nueva aventura.
sábado, 24 de octubre de 2009
El cristiano en el mundo
Los cambios sociales y políticos que se viven en la actualidad son un tema que no pasa inadvertido a cualquier persona medianamente informada, sea cual fuere la región en que vive. A nivel global, se está trabajando en la construcción de un nuevo orden mundial, que implica la alteración de las estructuras sociales conservadoras para avanzar dentro de una corriente de pensamiento denominada “progresismo”.
Desde la perspectiva cristiana de las cosas, estos cambios sociales que pretenden imponer los centros de poder internacionales no pueden ser admisibles ni tolerados, aunque no debe sorprendernos que, mientras se acercan los días del gran juicio final de Dios sobre la tierra, la realidad se siga pervirtiendo, cual Sodoma y Gomorra. Es bíblico admitirlo.
El cristiano no debe permanecer ajeno a esto, y mucho menos, su rol no puede ser pasivo.
La definición de familia está pretendiendo ser reformulada, cuestionando lo admitido desde siempre: que se fundamenta en la unión estable, permanente entre un hombre y una mujer. De hecho, con la introducción del concepto de género, como construcción cultural de la sexualidad, ya no es determinante la heterosexualidad de la unión, ni la condición natural de ser hombre o mujer, sino que – desde el mismo – cada cual es lo que quiere ser y tiene derecho a que la unión que formare sea reconocida por el Estado con todos los derechos inherentes a lo que, hasta hace tiempo, solamente se hallaba reservado para el matrimonio. Una locura.
De hecho, la sexualidad – de ser un tabú (lo cual era incorrecto) – hoy ha pasado a ser el reflejo de la liberalización moral de nuestra sociedad, puesto que – al desvalorizarse la familia, el matrimonio y la fidelidad – ha perdido el valor que Dios en su Palabra le ha otorgado, es decir, se la ha des-sacralizado.
Asimismo, el hombre mismo ha desafiado a Dios, excluyéndolo de su realidad, de su existencia. En el proyecto de Constitución Europea, del año 2004, se pretendió excluir toda alusión a Dios, omitiendo la innegable tradición histórica del cristianismo en ese continente, a lo largo de los siglos. En los tiempos actuales, a nivel político cada vez se pretende excluir más la influencia ideológica del cristianismo o cualquier otra creencia de fe, puesto que se ha impuesto el paradigma del humanismo autosuficiente y se ha idolatrado a la razón, como fuente de verdad y justicia (título que se otorgaba a Dios en las Constituciones del siglo XIX).
No obstante, en este contexto de postmodernismo – me animo a decir, previo a los tiempos del Anticristo -, Dios nos llama a movernos, a levantarnos, a brillar, a resplandecer, a hablar, a predicar y a influenciar, con la misma intensidad que en los tiempos en que los Evangelios fueron escritos. A pesar del pesimismo de mi descripción en los párrafos anteriores, es necio decir que los tiempos pasados fueron mejores (Eclesiastés 7:10).
El mundo siempre fue “el mundo”, y la Biblia siempre dijo que este sistema estuvo en contra de lo que es la voluntad de Dios (1 Juan 2:15). Así que, la exhortación de no amar el mundo ni las cosas que en él están fue válida para los cristianos del siglo I, V, XII, XIV, XVIII, XX, XXI… para todos. El cristianismo – en todo contexto histórico, político, social y cultural – es contrario al pensamiento del mundo. Al referirme al mundo, lo hago al significado bíblico de la Palabra: el sistema de vida de las personas del planeta Tierra que viven alejados de los principios de la Palabra de Dios, sin Cristo.
Ser cristiano, por eso, es siempre remar contra la corriente, nadar contra el pecado, navegar contra lo que, para el común de la gente, es normal. Y no podemos eludirlo. Jesús nunca lo hizo y fue claro: hay un camino de abnegación, de tomar la cruz, de aborrecer nuestra vida en este mundo y amar la suya (Mateo 16:24; Juan 12:25). Somos más que seguidores de una idea o moral, sino de una persona llamada JESUCRISTO.
El cristianismo no se reduce a la vida moral intachable o al ejemplo cívico y social que podamos dar. El cristianismo se trata de Cristo. Siempre nadamos contra la corriente cuando lo seguimos a Él y aborrecemos el pecado, mientras que el mundo sigue sus ideas y pareceres, incluso cuando, en ciertos tiempos de la historia, implicaba moralidad semejante a la cristiana.
El cristiano debe tener su raíz profunda y su convicción firme en Jesús y en su Palabra. Debe ser consciente que, sin ser de este mundo, estamos en él (Juan 17:16), y de que nuestra ciudadanía verdadera y definitiva está en los cielos (Filipenses 3:20). Solamente así, con ese fundamento inconmovible, podemos ser usados por Dios, para que manifieste su gloria y poder a través de nuestras vidas, de manera tal que “el mundo” lo vea a Él a través de nuestras vidas. Fuimos llamados a anunciar las virtudes de Aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable (1 Pedro 2:9).
No se trata de moral, ni se trata de buenas costumbres. Es más que vida piadosa. Supera lo que implica una ideología. Se trata de JESÚS, Dios hecho hombre y único camino a Dios, al cielo, a la vida eterna…. Sí, el cristianismo se trata de Él y solo de Él, y de su poder para transformar vidas. Por ello, mientras estemos en esta vida, nadaremos contra la corriente. Su Palabra es nuestro único Norte inmutable, nuestro código de conducta, nuestro manual de instrucciones.
Si asumimos la posición, por fe, de ser hijos de Dios, esta es nuestra realidad en el mundo.
“El mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1 Juan 2:17).
Desde la perspectiva cristiana de las cosas, estos cambios sociales que pretenden imponer los centros de poder internacionales no pueden ser admisibles ni tolerados, aunque no debe sorprendernos que, mientras se acercan los días del gran juicio final de Dios sobre la tierra, la realidad se siga pervirtiendo, cual Sodoma y Gomorra. Es bíblico admitirlo.
El cristiano no debe permanecer ajeno a esto, y mucho menos, su rol no puede ser pasivo.
La definición de familia está pretendiendo ser reformulada, cuestionando lo admitido desde siempre: que se fundamenta en la unión estable, permanente entre un hombre y una mujer. De hecho, con la introducción del concepto de género, como construcción cultural de la sexualidad, ya no es determinante la heterosexualidad de la unión, ni la condición natural de ser hombre o mujer, sino que – desde el mismo – cada cual es lo que quiere ser y tiene derecho a que la unión que formare sea reconocida por el Estado con todos los derechos inherentes a lo que, hasta hace tiempo, solamente se hallaba reservado para el matrimonio. Una locura.
De hecho, la sexualidad – de ser un tabú (lo cual era incorrecto) – hoy ha pasado a ser el reflejo de la liberalización moral de nuestra sociedad, puesto que – al desvalorizarse la familia, el matrimonio y la fidelidad – ha perdido el valor que Dios en su Palabra le ha otorgado, es decir, se la ha des-sacralizado.
Asimismo, el hombre mismo ha desafiado a Dios, excluyéndolo de su realidad, de su existencia. En el proyecto de Constitución Europea, del año 2004, se pretendió excluir toda alusión a Dios, omitiendo la innegable tradición histórica del cristianismo en ese continente, a lo largo de los siglos. En los tiempos actuales, a nivel político cada vez se pretende excluir más la influencia ideológica del cristianismo o cualquier otra creencia de fe, puesto que se ha impuesto el paradigma del humanismo autosuficiente y se ha idolatrado a la razón, como fuente de verdad y justicia (título que se otorgaba a Dios en las Constituciones del siglo XIX).
No obstante, en este contexto de postmodernismo – me animo a decir, previo a los tiempos del Anticristo -, Dios nos llama a movernos, a levantarnos, a brillar, a resplandecer, a hablar, a predicar y a influenciar, con la misma intensidad que en los tiempos en que los Evangelios fueron escritos. A pesar del pesimismo de mi descripción en los párrafos anteriores, es necio decir que los tiempos pasados fueron mejores (Eclesiastés 7:10).
El mundo siempre fue “el mundo”, y la Biblia siempre dijo que este sistema estuvo en contra de lo que es la voluntad de Dios (1 Juan 2:15). Así que, la exhortación de no amar el mundo ni las cosas que en él están fue válida para los cristianos del siglo I, V, XII, XIV, XVIII, XX, XXI… para todos. El cristianismo – en todo contexto histórico, político, social y cultural – es contrario al pensamiento del mundo. Al referirme al mundo, lo hago al significado bíblico de la Palabra: el sistema de vida de las personas del planeta Tierra que viven alejados de los principios de la Palabra de Dios, sin Cristo.
Ser cristiano, por eso, es siempre remar contra la corriente, nadar contra el pecado, navegar contra lo que, para el común de la gente, es normal. Y no podemos eludirlo. Jesús nunca lo hizo y fue claro: hay un camino de abnegación, de tomar la cruz, de aborrecer nuestra vida en este mundo y amar la suya (Mateo 16:24; Juan 12:25). Somos más que seguidores de una idea o moral, sino de una persona llamada JESUCRISTO.
El cristianismo no se reduce a la vida moral intachable o al ejemplo cívico y social que podamos dar. El cristianismo se trata de Cristo. Siempre nadamos contra la corriente cuando lo seguimos a Él y aborrecemos el pecado, mientras que el mundo sigue sus ideas y pareceres, incluso cuando, en ciertos tiempos de la historia, implicaba moralidad semejante a la cristiana.
El cristiano debe tener su raíz profunda y su convicción firme en Jesús y en su Palabra. Debe ser consciente que, sin ser de este mundo, estamos en él (Juan 17:16), y de que nuestra ciudadanía verdadera y definitiva está en los cielos (Filipenses 3:20). Solamente así, con ese fundamento inconmovible, podemos ser usados por Dios, para que manifieste su gloria y poder a través de nuestras vidas, de manera tal que “el mundo” lo vea a Él a través de nuestras vidas. Fuimos llamados a anunciar las virtudes de Aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable (1 Pedro 2:9).
No se trata de moral, ni se trata de buenas costumbres. Es más que vida piadosa. Supera lo que implica una ideología. Se trata de JESÚS, Dios hecho hombre y único camino a Dios, al cielo, a la vida eterna…. Sí, el cristianismo se trata de Él y solo de Él, y de su poder para transformar vidas. Por ello, mientras estemos en esta vida, nadaremos contra la corriente. Su Palabra es nuestro único Norte inmutable, nuestro código de conducta, nuestro manual de instrucciones.
Si asumimos la posición, por fe, de ser hijos de Dios, esta es nuestra realidad en el mundo.
“El mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1 Juan 2:17).
Existencialismo
Traté de plasmar en escrito lo que ronda en mi mente hace ya bastante tiempo. Tal vez no logre una conclusión desarrollada y final como se puede hacer sobre todos los demás temas, pero sí explayo los atisbos a los que, con mi mente finita, puedo llegar. No pretendo presentar un tratado de existencialismo, pero sí transmitir los pensamientos que voy teniendo. Sin más introducciones, aquí va:
EXISTENCIALISMO
---------------
A veces, o más bien, muy a menudo surgen en mi interior preguntas existenciales. Suelo decirles a mis amigos que estoy "onda Eclesiastés" cuando me ocurre eso, o que estoy completamente existencialista. Es que realmente creo que es una faceta propia del ser humano: la búsqueda del sentido de trascendencia de la vida.
Me pareció raro y me sigue llamando la atención que, siendo un cristiano, un hijo de Dios que tuvo una experiencia de vida transformadora tras haber conocido a Jesús, sigan esas inquietudes sin respuestas en mi interior. Pero llegué a la conclusión que esa "etapa de la Vida", por llamarlo así, o esas preguntas existenciales, encuentran su espacio en la misma Biblia, justamente en libro que mencionaba: Eclesiastés, que según mi parecer, tiene un tinte netamente existencialista, filosófico, divagador, o como quieran llamarlo.
Creo que dentro del ser humano mismo, está la búsqueda de ese deseo de encontrarle un sentido a las cosas. Pareciera de repente como que pasan días, momentos, cosas, situaciones, y que todo al final pasa, que nada perdura, ni los buenos ni los malos momentos permanecen para siempre... y cuando todo pasa, cuando todo está tranquilo, cuando uno se encuentra solo de vuelta, se pregunta: "¿Y después?". Pareciera que uno tiene el deseo de que todo dure para siempre. Es bíblico. La respueta la encuentro en Eclesiastés 3:11, cuando dice que Dios ha colocado eternidad en el corazón del hombre.
Me cuestiono a mí mismo y llego a la pseudo-conclusión (no estoy seguro) de que la vida es más que logros, reconocimientos, trabajo y esfuerzo. Eso es parte de la vida, pero no es la vida en sí. Más allá incluso del propósito de Dios para nuestras, del llamado, de predicar el Evangelio - los cuales son fundamentales para nuestra vida en Cristo -, los libros de Eclesiastés y Proverbios nos dan dos afirmaciones irrefutables y con las cuales concuerdo, a partir de mi corta experiencia de vida aún. He aquí:
"He aquí pues el bien que yo he visto: Que lo bueno es comer y beber, y gozar uno del bien de todo su trabajo con que se fatiga debajo del sol, todos los días de su vida que Dios le ha dado; porque esta es su parte" (Eclesiastés 5:18).
Tal vez siempre podamos tener esa insatisfacción en cuanto a todo lo que hagamos en la tierra, por cuanto Dios colocó eternidad en nuestro corazón, y seremos "plenamente plenos" el día que estemos con Él en la eternidad. Pero mientras tanto, Dios también estableció que nos gocemos y regocijemos en ls bendiciones que Él nos da, que sepamos valorar los pequeños detalles y disfrutar de las cosas buenas que nos ocurren, siempre, a pesar de todo lo malo que nos pueda rodear.
Respuestas absolutas, simples, concretas y directas a preguntas como: "¿Cuál es el sentido de la vida?" Al menos, respuestas completan y satisfagan completamente, no. Porque la respuesta está en Dios. La respuesta puede ser perfectamente, como también lo dice Eclesiastés 12:13
"El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre".
DIOS es la respuesta final a nuestras preguntas existencialistas y el día que estemos con él en la eternidad nuestro conocimiento sobre Él y sobre nosotros mismos será pleno.
EXISTENCIALISMO
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A veces, o más bien, muy a menudo surgen en mi interior preguntas existenciales. Suelo decirles a mis amigos que estoy "onda Eclesiastés" cuando me ocurre eso, o que estoy completamente existencialista. Es que realmente creo que es una faceta propia del ser humano: la búsqueda del sentido de trascendencia de la vida.
Me pareció raro y me sigue llamando la atención que, siendo un cristiano, un hijo de Dios que tuvo una experiencia de vida transformadora tras haber conocido a Jesús, sigan esas inquietudes sin respuestas en mi interior. Pero llegué a la conclusión que esa "etapa de la Vida", por llamarlo así, o esas preguntas existenciales, encuentran su espacio en la misma Biblia, justamente en libro que mencionaba: Eclesiastés, que según mi parecer, tiene un tinte netamente existencialista, filosófico, divagador, o como quieran llamarlo.
Creo que dentro del ser humano mismo, está la búsqueda de ese deseo de encontrarle un sentido a las cosas. Pareciera de repente como que pasan días, momentos, cosas, situaciones, y que todo al final pasa, que nada perdura, ni los buenos ni los malos momentos permanecen para siempre... y cuando todo pasa, cuando todo está tranquilo, cuando uno se encuentra solo de vuelta, se pregunta: "¿Y después?". Pareciera que uno tiene el deseo de que todo dure para siempre. Es bíblico. La respueta la encuentro en Eclesiastés 3:11, cuando dice que Dios ha colocado eternidad en el corazón del hombre.
Me cuestiono a mí mismo y llego a la pseudo-conclusión (no estoy seguro) de que la vida es más que logros, reconocimientos, trabajo y esfuerzo. Eso es parte de la vida, pero no es la vida en sí. Más allá incluso del propósito de Dios para nuestras, del llamado, de predicar el Evangelio - los cuales son fundamentales para nuestra vida en Cristo -, los libros de Eclesiastés y Proverbios nos dan dos afirmaciones irrefutables y con las cuales concuerdo, a partir de mi corta experiencia de vida aún. He aquí:
"He aquí pues el bien que yo he visto: Que lo bueno es comer y beber, y gozar uno del bien de todo su trabajo con que se fatiga debajo del sol, todos los días de su vida que Dios le ha dado; porque esta es su parte" (Eclesiastés 5:18).
Tal vez siempre podamos tener esa insatisfacción en cuanto a todo lo que hagamos en la tierra, por cuanto Dios colocó eternidad en nuestro corazón, y seremos "plenamente plenos" el día que estemos con Él en la eternidad. Pero mientras tanto, Dios también estableció que nos gocemos y regocijemos en ls bendiciones que Él nos da, que sepamos valorar los pequeños detalles y disfrutar de las cosas buenas que nos ocurren, siempre, a pesar de todo lo malo que nos pueda rodear.
Respuestas absolutas, simples, concretas y directas a preguntas como: "¿Cuál es el sentido de la vida?" Al menos, respuestas completan y satisfagan completamente, no. Porque la respuesta está en Dios. La respuesta puede ser perfectamente, como también lo dice Eclesiastés 12:13
"El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre".
DIOS es la respuesta final a nuestras preguntas existencialistas y el día que estemos con él en la eternidad nuestro conocimiento sobre Él y sobre nosotros mismos será pleno.
viernes, 3 de julio de 2009
Mayor compromiso
Dios demanda de nosotros un mayor compromiso. Al decir nosotros, me incluyo a mí y a aquellos pares míos que componen esta generación. Es la hora de que asumamos la posición que el Señor espera de nosotros en estos tiempos de turbulencia en los que vivimos.
La realidad del siglo XXI, con la consolidación del postmodernismo, nos habla de una sociedad que se está volviendo anti-cristiana, como lo dijera Junior Zapata, en su libro "La generación emergente". Esta realidad se está levantando frente a nuestras narices, sin que nosotros lo percatemos concientemente, por estar tan conformes con nuestra salvación y nuestras actividades cristianas.
Al decir que el esquema social se está volviendo anticristiano hablo principalmente de una corriente político - filósofica. Las corrientes ideológicas, de pensamiento, son marcan la tendencia de una sociedad. NO PODEMOS TAPAR EL SOL CON UN DEDO, y más aún, cuando nuestra pasividad demandará el juicio de Dios hacia nuestras vidas.
Una de las características de esta generación, sobre la cual estuve meditando en los últimos meses y tras conversaciones e intercambio de pareceres con amigos y me hizo llegar a la conclusión de que se trata de la realidad, es que hay un DESINTERÉS, una INDIFERENCIA muy peligrosa. En términos sencillos y vulgares, "a nadie le calienta nada". Esto equivale a no tener un compromiso con Dios.
Sin embargo, mientras "a nadie le caliente nada", al diablo sí le calienta y su plan avanza. La condenación y las ataduras a los niños, adolescentes, jóvenes, adultos y familia, SIGUE AVANZANDO, y a pasos agigantados.
Y ante este hecho, surge la pregunta: ¿Qué será de la iglesia en los próximos años? ¿Quién tomará la posta?
No puedo negar que esta interrogante me desveló bastante y la Biblia me llevó a una síntesis que, no por ser verdad, puede animar la indiferencia. En Mateo 16:18, el mismo Jesús dijo que las puertas del Hades no prevalecerían contra su iglesia.
Pero el panorama que observamos es alarmante y necesitamos volvernos a Dios.
Ser cristianos hoy no es fácil. Y el día de mañana, menos. A nivel mundial, avanzan las iniciativas que pretenden censurar el cristianismo por ser, según ellos, retrógrado, discriminador, excluyente, absolutista. El relativismo se impone, los valores sociales relacionados a la familia, matrimonio y sexualidad se están derrumbando, ante nuestros ojos, y en consecuencia, la sociedad en la que van a vivir nuestros hijos, las generaciones que nos sucederán (si esto sucede, porque Cristo viene muy pronto) será completamente hostil a la fe en el Dios de la Biblia, cuyos principios y mandamientos son absolutos y verdaderos.
Me tocó ver a muchos pares, amigos y gente cercana apartarse de los caminos del Señor, negando con su actual vida la devoción que en algún momento profesaron hacia Cristo. Me dolió y me sigue doliendo. Asimismo, he tenido el privilegio de ver y acompañar a otros que se habían apartado, fueron tocados por Dios y volvieron al primer amor. Ninguna otra cosa puede brindarme mayor alegría.
Al punto al que quiero ir es que veo, a nivel juvenil, un cristianismo demasiado debil, muy basado en la costumbre de "ir a la iglesia" y sin el fundamento sólido de una experiencia transformadora con Dios y en el conocimiento de la Palabra.
Sin estos fundamentos, lo que se vislumbra no es alentador.
Pareciera que la generación a la que pertenezco no se animó a asumir el rol del liderazgo de tomar la posta y encender a la generación emergente, de la manera en la que lo hicieron nuestros antecesores. Al haberse estancado este "traspaso", se trancó el avivamiento, la obra y el fuego comenzó a debilitarse. Al no ejercer un rol activo en el ministerio que el Señor nos encomendó, no existe razón por la cual pueda mantenerse encedido el fuego y, como la higuera a la que Jesús maldijo, comenzamos a secarnos.
La Biblia es clara, también, al advertir en Mateo 24:12 que "a causa de la maldad, el amor de muchos se enfriará". Cuando el amor se enfría, es mucho más fácil dejarnos seducir por las tentaciones, las seducciones del mundo y, sin darnos cuenta, podemos entrar en un proceso de autodestrucción espìritual, del cual solo tomamos conciencia cuando ya estamos demasiado embarrados y debilitados como para poder reaccionar.
Y mientras, el mal sigue avanzando y cobrándose vidas por las cuales la sangre de Jesús se derramó.
Nos estamos amando a nosotros mismos mucho más de lo que amamos a Dios, y de esa manera, estamos destruyéndonos a nosotros y el crecimiento de la obra de Dios, y aquel Padre bueno en quien creemos, es también el Juez severo ante el cual tendremos que dar cuentas (Romanos 11:22).
Me quebrantó mucho cuando el Pastor de la Iglesia donde me congrego dijo en una de sus prédicas que si no oramos, lloraremos. Mencionó que existe un plan a nivel mundial para acabar con el cristianismo, el rebrote del comunismo anticristiano, que en China persiguió a la iglesia, que tuvo que mantenerse y crecer bajo persecusión, dando a entender que si no nos levantamos, orando ya actuando, un destino similar se perfila para nuestra región.
A mitad del siglo XX, llegó un momento en el cual, la Iglesia cristiana, que estaba tan dormida, se encontró con que el nuevo régimen político no toleraba el cristianismo y comenzó el cierre de iglesias y la persecusión a base de torturas e incluso muerte, a aquellos hijos de Dios que rehusaban a negar su fe. En medio de historias durísimas que hoy conocemos a través de los libros, la Iglesia del Señor siguió avanzando con pasos ensangrentados por el dolor y persecusión, hasta conquistar hoy en día, cierto clima de libertad (aún no pleno) en la China Continental.
Tal vez, la situación "pre-comunismo" de la Iglesia china no se diferencie tanto de la nuestra actualmente, lo cual no percibimos por esa terrible indiferencia. Y mientras, Dios sigue llamando, tocando puertas entre sus hijos, buscando que alguien le responda.
Y pareciera que estamos tan entretenidos con el mundo (eclesial, incluso) que el ruido que nos rodea no nos permite escuchar su suave silbido de amor, pero a la vez, de advertencia.
Lo mejor de todo es que, al menos en el ámbito que nos rodea, este proceso ES REVERSIBLE. Por supuesto, no de forma automática. En medio de la debacle, encontramos la promesa de Dios en 2 Crónicas 7:14
"Si se humilla mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oran, y buscan mi rostro, y se convierten de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, perdonaré sus pecados y sanaré su tierra".
Mientras haya vida, hay esperanza, y tengo fe de que podamos despertarnos del letargo, orar, buscar a Dios, darle nuestra vida y permitirle que nos use para transformar nuestra sociedad, nuestro tiempo.
Amemos menos el mundo y más a Dios. Las recompensas son eternas.
Espero que no nos demos cuenta de esto demasiado tarde.
Hasta ahora, hay tiempo.
La realidad del siglo XXI, con la consolidación del postmodernismo, nos habla de una sociedad que se está volviendo anti-cristiana, como lo dijera Junior Zapata, en su libro "La generación emergente". Esta realidad se está levantando frente a nuestras narices, sin que nosotros lo percatemos concientemente, por estar tan conformes con nuestra salvación y nuestras actividades cristianas.
Al decir que el esquema social se está volviendo anticristiano hablo principalmente de una corriente político - filósofica. Las corrientes ideológicas, de pensamiento, son marcan la tendencia de una sociedad. NO PODEMOS TAPAR EL SOL CON UN DEDO, y más aún, cuando nuestra pasividad demandará el juicio de Dios hacia nuestras vidas.
Una de las características de esta generación, sobre la cual estuve meditando en los últimos meses y tras conversaciones e intercambio de pareceres con amigos y me hizo llegar a la conclusión de que se trata de la realidad, es que hay un DESINTERÉS, una INDIFERENCIA muy peligrosa. En términos sencillos y vulgares, "a nadie le calienta nada". Esto equivale a no tener un compromiso con Dios.
Sin embargo, mientras "a nadie le caliente nada", al diablo sí le calienta y su plan avanza. La condenación y las ataduras a los niños, adolescentes, jóvenes, adultos y familia, SIGUE AVANZANDO, y a pasos agigantados.
Y ante este hecho, surge la pregunta: ¿Qué será de la iglesia en los próximos años? ¿Quién tomará la posta?
No puedo negar que esta interrogante me desveló bastante y la Biblia me llevó a una síntesis que, no por ser verdad, puede animar la indiferencia. En Mateo 16:18, el mismo Jesús dijo que las puertas del Hades no prevalecerían contra su iglesia.
Pero el panorama que observamos es alarmante y necesitamos volvernos a Dios.
Ser cristianos hoy no es fácil. Y el día de mañana, menos. A nivel mundial, avanzan las iniciativas que pretenden censurar el cristianismo por ser, según ellos, retrógrado, discriminador, excluyente, absolutista. El relativismo se impone, los valores sociales relacionados a la familia, matrimonio y sexualidad se están derrumbando, ante nuestros ojos, y en consecuencia, la sociedad en la que van a vivir nuestros hijos, las generaciones que nos sucederán (si esto sucede, porque Cristo viene muy pronto) será completamente hostil a la fe en el Dios de la Biblia, cuyos principios y mandamientos son absolutos y verdaderos.
Me tocó ver a muchos pares, amigos y gente cercana apartarse de los caminos del Señor, negando con su actual vida la devoción que en algún momento profesaron hacia Cristo. Me dolió y me sigue doliendo. Asimismo, he tenido el privilegio de ver y acompañar a otros que se habían apartado, fueron tocados por Dios y volvieron al primer amor. Ninguna otra cosa puede brindarme mayor alegría.
Al punto al que quiero ir es que veo, a nivel juvenil, un cristianismo demasiado debil, muy basado en la costumbre de "ir a la iglesia" y sin el fundamento sólido de una experiencia transformadora con Dios y en el conocimiento de la Palabra.
Sin estos fundamentos, lo que se vislumbra no es alentador.
Pareciera que la generación a la que pertenezco no se animó a asumir el rol del liderazgo de tomar la posta y encender a la generación emergente, de la manera en la que lo hicieron nuestros antecesores. Al haberse estancado este "traspaso", se trancó el avivamiento, la obra y el fuego comenzó a debilitarse. Al no ejercer un rol activo en el ministerio que el Señor nos encomendó, no existe razón por la cual pueda mantenerse encedido el fuego y, como la higuera a la que Jesús maldijo, comenzamos a secarnos.
La Biblia es clara, también, al advertir en Mateo 24:12 que "a causa de la maldad, el amor de muchos se enfriará". Cuando el amor se enfría, es mucho más fácil dejarnos seducir por las tentaciones, las seducciones del mundo y, sin darnos cuenta, podemos entrar en un proceso de autodestrucción espìritual, del cual solo tomamos conciencia cuando ya estamos demasiado embarrados y debilitados como para poder reaccionar.
Y mientras, el mal sigue avanzando y cobrándose vidas por las cuales la sangre de Jesús se derramó.
Nos estamos amando a nosotros mismos mucho más de lo que amamos a Dios, y de esa manera, estamos destruyéndonos a nosotros y el crecimiento de la obra de Dios, y aquel Padre bueno en quien creemos, es también el Juez severo ante el cual tendremos que dar cuentas (Romanos 11:22).
Me quebrantó mucho cuando el Pastor de la Iglesia donde me congrego dijo en una de sus prédicas que si no oramos, lloraremos. Mencionó que existe un plan a nivel mundial para acabar con el cristianismo, el rebrote del comunismo anticristiano, que en China persiguió a la iglesia, que tuvo que mantenerse y crecer bajo persecusión, dando a entender que si no nos levantamos, orando ya actuando, un destino similar se perfila para nuestra región.
A mitad del siglo XX, llegó un momento en el cual, la Iglesia cristiana, que estaba tan dormida, se encontró con que el nuevo régimen político no toleraba el cristianismo y comenzó el cierre de iglesias y la persecusión a base de torturas e incluso muerte, a aquellos hijos de Dios que rehusaban a negar su fe. En medio de historias durísimas que hoy conocemos a través de los libros, la Iglesia del Señor siguió avanzando con pasos ensangrentados por el dolor y persecusión, hasta conquistar hoy en día, cierto clima de libertad (aún no pleno) en la China Continental.
Tal vez, la situación "pre-comunismo" de la Iglesia china no se diferencie tanto de la nuestra actualmente, lo cual no percibimos por esa terrible indiferencia. Y mientras, Dios sigue llamando, tocando puertas entre sus hijos, buscando que alguien le responda.
Y pareciera que estamos tan entretenidos con el mundo (eclesial, incluso) que el ruido que nos rodea no nos permite escuchar su suave silbido de amor, pero a la vez, de advertencia.
Lo mejor de todo es que, al menos en el ámbito que nos rodea, este proceso ES REVERSIBLE. Por supuesto, no de forma automática. En medio de la debacle, encontramos la promesa de Dios en 2 Crónicas 7:14
"Si se humilla mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oran, y buscan mi rostro, y se convierten de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, perdonaré sus pecados y sanaré su tierra".
Mientras haya vida, hay esperanza, y tengo fe de que podamos despertarnos del letargo, orar, buscar a Dios, darle nuestra vida y permitirle que nos use para transformar nuestra sociedad, nuestro tiempo.
Amemos menos el mundo y más a Dios. Las recompensas son eternas.
Espero que no nos demos cuenta de esto demasiado tarde.
Hasta ahora, hay tiempo.
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